Ponga las dos máquinas una al lado de la otra y el parecido es llamativo: la LQR-100W y la LQR-100 perforan ambas 500-1500 mm, ambas alcanzan 20 m, ambas tienen 100 kNm nominales y ambas giran a 5-40 rpm. La diferencia está en el chasis.
En peso operativo se separan: 17 t frente a 23,5 t, una brecha de 6,5 toneladas, o un 28% más ligera. No es una especificación recortada, sino una consecuencia estructural de cómo se desplaza cada máquina.
Empecemos por dónde va el peso. El equipo sobre ruedas trabaja sobre cuatro estabilizadores hidráulicos, con la superestructura montada en un chasis de ruedas. El de orugas carga siempre con sus bastidores, mandos y tensores.
La transmisión también difiere. La LQR-100 lleva un motor Cummins de 154 kW; la LQR-100W, uno de 110 kW, 44 kW menos. Una máquina de ruedas no acciona orugas, así que la potencia de desplazamiento desaparece del presupuesto.
Los cabrestantes son donde casi se encuentran: ambas declaran 120 kN en el principal y 30 m/min de velocidad máxima de cable. La diferencia real es el diámetro del cable: 24 mm en orugas frente a 20 mm en ruedas.
El cabrestante auxiliar sí difiere: 30 kN en orugas, 20 kN en ruedas, una brecha de 10 kN. Ese margen cubre la elevación auxiliar y merece una comprobación aparte si su trabajo la requiere con frecuencia.
Las dimensiones de transporte son cercanas. Ambas miden 10.600 mm de largo y 2.600 mm de ancho; solo las separa la altura: 3.650 mm en ruedas frente a 3.350 mm en orugas, 300 mm de diferencia.
La altura de trabajo es de 12.500 mm en ambas, y ambas usan una barra Kelly de 273 mm x 3 x 8 m, con opción de 340 mm x 4 x 6 m en la de orugas. Profundidad, diámetro y barra definen juntos lo que puede perforar esta clase.
La máquina de ruedas paga su ahorro de peso en huella. El ancho de traslado es de 2.600 mm, pero con los estabilizadores extendidos el ancho de trabajo llega a 3.780 mm sobre una batalla de 2.400 mm. La obra debe hacer sitio para cuatro apoyos.
La de orugas no tiene esa restricción: zapatas de 600 mm y 2.600 mm de vía le permiten trabajar donde se encuentra, con baja presión sobre el suelo que aguanta mejor en terrenos blandos o rellenos.
La lógica es bastante clara. Para 12 a 20 m, pilotes dispersos y traslados por carretera entre ellos, la máquina de ruedas es la opción más ligera. Para suelo blando, pilotes agrupados o turnos largos y continuos, las orugas y la estabilidad encajan mejor.
Mire la gama de ruedas: de la LQ180-11 a la LQ180-20 cubren 10 a 19 m con 8 a 9 t, y la clase de 20 m son la LQR-100W de 17 t y la LQR360 de 16 t. Veinte metros es el techo de las máquinas de ruedas.
La línea de orugas arranca en 15,5 t y 15 m con la LQR-80 y llega a 42 t y 40 m con la LQR150. Por encima de 20 m de profundidad de pilote la elección es solo de orugas; la gama de ruedas no tiene equivalente.
Puestas una al lado de la otra, las fichas solo responden cuánto es la diferencia. Si esa diferencia basta depende de cómo se distribuya los pilotes, de si se puede entrar en la obra y de cuántos traslados exige un día. Resuelva esas tres cosas y vuelva a la tabla.